domingo, 24 de enero de 2021

La Santísima Virgen en la Candelaria

Después de seis meses y medio sin que el atuendo de nuestra sagrada titular haya experimentado modificación alguna, recientemente, la venerada imagen de Nuestra Señora de la Soledad ha cambiado su vestimenta con motivo de la fiesta de la Presentación del Señor. Previsiblemente, la Santísima Virgen permanecerá así ataviada hasta la Cuaresma, por lo que la podremos contemplar de esta manera durante este primer tiempo ordinario del año litúrgico. Al igual que en otras ocasiones, su vestidor ha tenido a bien ceder el tejido con que ha elaborado el tocado de la bendita imagen.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Gloria in excelsis Deo


Cada 25 de diciembre, la Iglesia universal celebra la solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, con la clara convicción de que el nacimiento de Cristo no es solo un acontecimiento sublime del pasado, sino que, más bien, se trata de un hecho extraordinario del presente: todo un gran misterio que ha de latir dentro de todos quienes nos declaramos seguidores del mismo Jesucristo. Asimismo, la Navidad significa la consumación de otro magno acontecimiento de la historia de la salvación: la encarnación del Verbo Divino en el seno de la Virgen María.

Entretanto, la Navidad es la manifestación de todo un Dios Padre que, sin desdeñar su connatural condición divina, adquiere parte de la naturaleza humana, convirtiéndose, de este modo, en un Dios Hijo, que derrama la unción de su Espíritu Santo sobre cada uno de nosotros. Por tanto, la Navidad conlleva la plena aceptación ―por parte de cada quien― de todo un Dios, revelado en un niño, un Dios pequeño y grande a la vez, un Dios que desde un humilde pesebre nos interpela, es decir, nos invita a acogerlo entre nosotros y a impregnarnos de su divina gracia, siguiendo los pasos de María y José.

Desde su propio nacimiento, Jesucristo apela a cada uno de nosotros, llamándonos a aceptar, con todas sus consecuencias, el valioso don de la vida y, por consiguiente, a adoptar ―cada uno de los días de nuestra existencia― la voluntad del Padre, lo que implica atender a los problemas que afecten a nuestro entorno, procurando siempre su justa resolución. En este sentido, el mayor reto que al ser humano se le viene planteando a lo largo de los siglos no es otro que la firme disposición de cada quien para renunciar, con total determinación, a parte de cuanto considera indispensable ―en tanto que conforta su existencia o, al menos, así cree que lo hace―, en favor del prójimo.

La recién inaugurada vida de Nuestro Señor Jesucristo fue el más supremo gesto de amor incondicional que haya podido llevarse a término jamás, puesto que su propia existencia es la única causa de nuestra salvación; se trata de la buena nueva que viene de Dios y que, como tal, nos ha sido confiada en Cristo, el Señor. ¡Feliz y santa Navidad!

lunes, 14 de diciembre de 2020

Un pequeño gesto de solidaridad


Los pasados días 6 y 8 de diciembre ―II domingo de Adviento y solemnidad de la Purísima Concepción de la Santísima Virgen María, respectivamente―, la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar llevó a cabo una recogida de dulces navideños a beneficio de Cáritas Parroquial de San Bartolomé, razón por la que, durante dichas jornadas, su sagrada titular mariana fue expuesta a veneración de los fieles en la iglesia homónima, sede canónica de esta cofradía. Por su parte, nuestra hermandad, vinculada, de un tiempo a esta parte, a la citada entidad cofrade ―a través de Eduardo Serrano Gómez, vestidor de nuestra venerada imagen titular―, efectuó la donación de un amplio surtido de dulces navideños, colaborando, de este modo, con la misma operación, organizada por la propia cofradía iliturgitana.

martes, 10 de noviembre de 2020

102 litros de generosidad


Desde 2017, la Iglesia universal viene celebrando, anualmente, el XXXIII domingo del tiempo ordinario, la Jornada Mundial de los Pobres, que alcanza este año su cuarta edición. Con ocasión de la misma, en 2018, la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad de Villa del Río realizó, por primera vez, una recogida de leche a beneficio de la Casa de acogida Madre del Redentor de Córdoba. En 2019, llevó a cabo una operación similar a la planteada el año anterior; sin embargo, este año, aun habiendo desestimado oportuna su puesta en marcha, la propia entidad cofrade ha efectuado una donación de 102 litros de leche a la citada institución, dependiente de Cáritas Diocesana de Córdoba.

José Luis Rodríguez Guirao, director de la Casa de acogida Madre del Redentor, ha agradecido, en nombre de la propia institución, la colaboración de nuestra hermandad. Con la donación de leche de este año, la misma entidad cofrade renueva, por tercer año consecutivo, su compromiso con los más desfavorecidos, concretamente, con aquellas personas carentes de un hogar en el que vivir su día a día, a las que irá destinada, íntegramente, la donación ―anteriormente referida―, que supondrá la provisión necesaria para unos ocho días, aproximadamente.

El próximo domingo, 15 de noviembre, celebraremos, D. m., la IV Jornada Mundial de los Pobres, en medio de la crítica situación que atraviesa nuestra sociedad, debido a la que, cada día, de manera más acusada, se acrecienta el número de personas sin hogar en España. A esta trágica coyuntura tienen que hacer frente, cada día, más y más personas, motivo por el que las instituciones eclesiales de ayuda a los más necesitados atienden, cada vez, a más gente, lo que propicia que estén empezando a sufrir las terribles consecuencias de esta alarmante situación.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Requiescant in pace


Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados,
líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo,
especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

La muerte es un carácter inherente de la propia condición humana; sin embargo, la vida es un don de Dios y, como tal, no conoce límite alguno. Ciertamente, así lo creemos todos los que nos declaramos seguidores de Cristo, ya que él mismo sufrió la muerte para instaurar la resurrección, principal misterio de nuestra fe. ¿A qué vino el Hijo de Dios si no a inaugurar la vida eterna? ¡Cuán magna muestra de amor la del que entrega su vida por los demás!

En estos difíciles momentos, las terribles circunstancias que condicionan, de forma determinante, nuestra propia existencia son un síntoma evidente de una problemática cada día mayor: la profunda crisis espiritual que acecha a nuestro mundo occidental ―especialmente a la sociedad española―, vinculada a una creciente y más que palpable carencia de valores. De ello se hace eco nuestro comportamiento, en tanto que demuestra nuestro afán de evitar, a toda costa, el más mínimo sacrificio, aun por encima de nuestro propio estado de salud y del de todos cuantos nos rodean.

Hoy, la Santísima Virgen María interpela a cada uno de sus hijos, instándonos a apreciar el don de la vida y a actuar consecuentemente, es decir, de manera responsable, o, lo que es lo mismo, afrontar la problemática que poco a poco va apoderándose de nuestro devenir haciendo uso del raciocinio que Dios ha otorgado al ser humano. Probablemente, sea esta una buena forma de vivir la santidad, puesto que implica atender al principal mandamiento de la ley de Dios. ¡Qué mayor muestra de amor que velar por la vida del prójimo!, especialmente la de los más débiles, como quienes aún no han nacido, sufren la enfermedad o encaran los últimos días de su vida terrena.

Finalmente, roguémosle a María Santísima de la Soledad que, junto con todos los santos, interceda por las almas de aquellos hermanos nuestros que nos precedieron en la fe de Cristo, para que Dios, Padre misericordioso, les conceda el perdón de sus pecados, la sanación de sus culpas y el descanso eterno, de manera que brille para ellos la luz perpetua, Jesucristo, Señor nuestro, auténtico autor de la vida. Requiescant in pace.

martes, 15 de septiembre de 2020

Memoria de la Bienaventurada Virgen de los Dolores, Nuestra Señora de la Soledad


En el Calvario, a la cruz abrazada,
estabas sola, Soledad, penando
triste y sola, Soledad, llorando:
por el mundo entero abandonada,
a consolarte, Madre, nadie llega.

                                        José Capdevila Orozco


Hace tan solo una semana, tuvo lugar la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María; hoy, 15 de septiembre, la Iglesia celebra la memoria de la Bienaventurada Virgen de los Dolores, madre de Cristo, la misma madre que el propio Jesucristo nos entrega desde el madero de la cruz. Contemplar hoy cada uno de los siete dolores de María Santísima supone una introspección: detectar cuanto de lo que hay en cada quien causa dolor, es decir, origina el vacío en el ser humano.

La Santísima Virgen sufrió cada uno de sus dolores ―hasta el punto de tener que afrontar la cruenta muerte de su hijo― debido a la necedad, al egoísmo y al cinismo de este mundo nuestro, el de entonces y el de ahora. Si por el pecado fue herido el benignísimo costado de Cristo, por ese mismo pecado fue traspasado el inmaculado corazón de María; pese a todo, Jesús, el Cordero del sacrificio santo, la constituyó madre de todos nosotros, pecadores.

Entretanto, tener a María como madre significa disponer de un modelo de vida cristiana: una vida entregada por el prójimo. En este sentido, la crítica situación en que nos encontramos inmersos exige hoy, más que nunca, practicar el modelo de vida instaurado por Jesucristo, latente en el maternal corazón de María. Roguémosle al Señor, por la sagrada intercesión de Nuestra Señora de la Soledad, que tomemos verdadera conciencia de la gravedad de la situación que vivimos y, de una vez por todas, seamos responsables, puesto que de la medida en que hoy nos comportemos dependerá nuestro mañana.